Heraldo de Soria

Pinares/Pingada del mayo
El agua complica la tradición de las pingadas en toda la comarca
Mozos y veteranos no se acobardaron y los mayos adornan ya las plazas de los pueblos
Santiago Rello

Además de mayos y horquillas, protagonistas de la tradición de la pingada junto a mozos y veteranos, varias localidades de la comarca de Pinares tuvieron ayer una inesperada y molesta invitada: la lluvia, que aguó la jornada, complicó las labores a la hora de levantar los pinos y deslució el espectáculo que, eso sí, se llevó a cabo congregando a numeroso público. "¡Faltaría más!", exclamó más de uno.
Fue el caso, por ejemplo, de Cándido Andrés, uno de los veteranos que, cada primero de mayo, se encarga de mantener viva la tradición de la pingada en Navaleno. "Ya empezamos mal ayer [por el viernes], cuando fuimos a por el mayo. Lo trajimos a medianoche, pero vinimos todo el camino tronando y sin dejar de llover. Eso sí; los mozos se portaron, no se echaron atrás", explicó.
En esta ocasión se eligió un ejemplar de "casi 28 metros; 27,70, para ser exactos", concretó Cándido Andrés, que se cortó en el paraje del Puente de la Sotilla, a unos tres kilómetros del pueblo. "Se trae sobre un arnés con ruedas, pero tirando entre todos; y hay que subir alguna cuesta que…", comentó.
La lluvia volvió a aparecer ayer por la mañana. Y caía con ganas en el momento en el que los jóvenes de la localidad se dispusieron a iniciar la pingada, pasadas las 12.30 horas. "Si el agua complica las cosas, porque el mayo se resbala en las horquillas, este año tenemos algún problema añadido. Hay muchos jóvenes que tienen hoy [por ayer] una boda; y también tenemos a muchos jugadores del equipo de fútbol que se tienen que ir a jugar esta tarde a Salas de los Infantes, y que van a ir con el tiempo justo", añadió.
El lugar elegido fue el habitual, El Raso Alto, y allí se dieron cita mozos y mayores para, ante numeroso público, y rodeados de paraguas abiertos, iniciar los trabajos para levantar del suelo el pesado mayo.
Multitudinaria
A pocos kilómetros de Navaleno, San Leonardo de Yagüe volvió a acoger una de las pingadas más multitudinarias de la comarca de Pinares. "Somos todos los años, más o menos, los mismos; unos 80", señaló Óscar, uno de los jóvenes encargados de organizar el evento. También allí la lluvia quiso compartir protagonismo, aunque "no ha molestado mucho, y se ha podido pingar sin demasiados problemas", explicaron al final los mozos.
El mayo de este año, de 24 metros de altura, se cortó en El Valle, "cerca de la Fuente del tío Briones", según matizó el alcalde, Jesús Elvira, dos días antes. "Lo hemos traído esta misma mañana, arrastrándolo con una yunta de bueyes de la Cabaña Real de Carreteros, de Quintanar de la Sierra, como hacemos todos los años", relataron.
A la hora de pingarlo, los mozos, a cubierto desde hacía rato para protegerse de la lluvia, tuvieron que esperar hasta que, a las 13.30 horas, salió la gente de misa. Mariano Modamio, el veterano encargado cada año de dirigir la estrategia para conseguir levantar el pino, apareció entonces en escena. Siguiendo sus directrices, los jóvenes se afanaron en poner la fuerza bruta que hizo que, sobre las 15.30 horas, el Mayo luciera ya vertical en su emplazamiento de costumbre: la conocida como Cuesta del Mayo. Como adorno especial este año, los mozos colocaron "un cartelito en referencia al Camino de Santiago", explicaron.
Homenaje en Cabrejas
Otra de las poblaciones de la comarca que vivió ayer su pingada del mayo fue Cabrejas del Pinar, donde jóvenes y mayores arrimaron el hombro para izar del suelo los 24 metros del pino elegido este año como protagonista de la jornada, que fue cortado en El Valle. "En realidad, y como todos los años, hemos cortado tres: uno para pingarlo y otros dos para vender la madera y, con lo que nos den, hacer una comida para los mozos", explicaron.
Además del mayo, la localidad tuvo ayer un segundo protagonista: Benito Abad. "Es un señor al que tenemos mucho aprecio, porque todos los años se ha hecho cargo de prepararnos él la caldereta el día de la pingada. Este año ha estado fastidiadillo el hombre, y por eso, al final, lo han subido en coche y le hemos entregado una placa de agradecimiento. Además, nos hemos hecho todos una foto con él; ha sido algo muy emotivo", comentó Carlos, uno de los organizadores del acto.